Hoy mi invitada es Lidia. La conocía un buen día cuando decidí ser "forera" como ella. Después me autoinvité en su blog y una cosa nos llevo a la otra. Le he robado este pequeño relato. Es demasiado sensual para que otros ojos no puedan disfrutar de él.
Era ella. Quizás el peinado era distinto, tal vez el estilo de su indumentaria era otro, pero aquella melena en llamas, y el especial tono violeta de sus pupilas, eran inconfundibles. No había cambiado; tan hermosa y arrebatadora como la recordaba. Oculto en la nada de la alcoba podía observarla mejor. Así; serena, indolente, entregada en cuerpo y alma al reconfortante baño. ¡Dioss! ¡Todos sus pactos habían dado resultado! Estaba allí. Cauteloso; besó la seda de aquel hombro, algo tan suave y fugaz como el vuelo de la mariposa... Sentir esa ráfaga caliente la hizo abrir los ojos y voltearse inquieta en la bañera… se tranquilizó pensando que podía haber sido su imaginación Envuelta en la toalla cepilló enérgicamente la cascada de rizos cobrizos. Una vez satisfecha con el resultado, sustituyó la aspereza de la toalla por el toque delicado del satén burdeos del camisón. El resultado, para la mirada furtiva que la observaba, no podía ser más seductor. Empezaba a vencerla el sueño cuando… Esta vez, fue en la nuca, en el nacimiento del pelo…En el colmo del asombro, sintió como se le erizaba la piel cuando despacio, muy despacio, deslizaban el fino tirante al tiempo que, apretaban y besaban impúdicamente su seno. Algo o alguien, la obligaba a girarse y a sentir su peso, al tiempo que alzaba su camisón hasta la cintura. Ya no sabía si soñaba o deliraba, ríos de lava arrasaban sus venas, cuando unas manos… Porque eran unas manos; lo que acariciaba su intimidad, arrancando jadeos a su sueño… Ahh… Pero qué… Ummm… percibía en esos instantes sensaciones, de las que ignoraba su existencia… ¡Oh!... ¡Dios!...¡¡Estaba siendo poseída por… Nadie!! Un cúmulo de emociones estallaron a la vez en aquel lecho; el deseo largo tiempo contenido, la dicha de volver a poseerla, la in certeza de que aquello estuviera sucediendo realmente, la explosión incontrolada y de una magnitud desconocida para ella... Al clarear, el semblante satisfecho de la muchacha fue un trofeo para aquel observador furtivo. Confusa, todavía bajó a desayunar. La puerta entreabierta de la oficina de recepción, le volvía a mostrar aquella pintura. -Perdone caballero. ¿Ese señor del cuadro siempre ha sonreído? -No, señorita- respondió pálido, el dueño del vetusto hotel - Es mi abuelo, y dejó de sonreír el día que perdió a su gran y único amor en un accidente automovilístico, no lejos de estos acantilados. -Ah… ¿Y por qué sonríe ahora?... ¡Eeh! ¡Oiga!... ¿Por qué me mira así?... El hombre, sin poder apartar la vista de la chica, abrió un poco mas la puerta dejando expuesta la pintura en su totalidad.No daba crédito a sus ojos. Allá, sentada al lado del personaje… ¡¡Estaba ella!! Con otros ropajes, pero era como estarse mirando en un espejo vestida de carnaval. Sus enormes ojos violeta, interrogaban en silencio al hombre. Él, le contó:-Mi abuelo siempre hizo todo tipo de conjuros, espiritismos o pactos, con quien se lo propusiera, con el fin de conseguir la reencarnación de mi abuela. Decía que no descansaría, ni nos dejaría descansar a nadie hasta que lo consiguiera. ¿Nadie le ha hablado antes del fantasma del hotel Brayton?... No, ya veo que no… Por la misteriosa aparición de la sonrisa de mi abuelo, y a juzgar por el semblante lívido que voy observando en de usted… Creo que… Por fin todos descansaremos….Mis clientes también…
Assise, Au bord de la mer Je contemple ma vie Elle récite les paroles Qui composent mon silence
Ma robe fleurie se nourrit de l’automne Qui transforme l’été de mon existence. Et la mer, Elle multiplie les vagues Qui viennent mourir à mes pieds.
Assise, au bord de ma vie Mon regard transforme le temps Et se perd dans le tien.
martes, julio 10, 2007
Estamos en la playa.
Manos entrelazadas me mira y me susurra un” te amo”.
Acostada junto a mí, se encuentra mi amada. Esperamos que llegue la explosión final.
Ayer noche nos dijeron que todo había acabado, que nos despidiéramos de los nuestros, que nos perdonáramos los unos a los otros pues la Tierra dejaría de existir en unas horas.
Entonces fue cuando decidí llamarla y decirle que quería estar a su lado por encima de todo. Quería ascender junto a ella.
La luz se intensifica por momento.
El mar y la arena se acoplan formando un solo cuerpo que nos absorbe hasta confundirnos con el cielo. La expansión de nuestra materia se trasmuta en pura energía y surge el infinito en mí, en ella, en los planetas que giran a nuestro alrededor. Y un torbellino de vida se condensa en la luz.
Hemos vuelto a nacer, somos hijos de la vida, somos uno.
Atrapada en el muelle de San Blas Mi corazón espinado tarareó Dejándome entrar en el deseo Hechicera, la luna provocó La mariposa traicionera Que se posó en nuestros labios compartidos Ayer noche no paró de llover ¿Oyes mi amor? Ayer el maná cayó sobre mí
Soy la tirana de mi propio imperio Por ello, No me rindo Ante el mal tiempo que me ahoga La valentía de mi ejército Busca el equilibrio de mi vida Que se vió alterado en mi última lucha Sin embargo Sé, Que el descanso merecido será fruto del dolor Ven a mi, Criatura del destino Y abrázame Con el lento beso de la muerte Muerde mi alma apenada Convirtiéndola en un nuevo mundo
J’ai suivi tes pas au moment Où tu rentrais tranquillement Et j’ai eu un flash Qui es-tu, homme ? Ton existence se reflète sur moi-même Et j’me perds dans ton âme Où j’ai peur de tomber
_” ¿Cual es tu necesidad básica?”, le pregunté -“¿La mía? Soñar.” -“¿Por qué soñar?” Le contesté intrigada e interesada. - No recuerdo el porqué. Cómo voy a recordarlo si no recuerdo ni mi nombre. Quizás sea por encontrar el camino a seguir.
Antoine, cómo yo lo llamaba, apareció un buen día llamando muy fuerte a la puerta de mi clínica, gritando que se había despertado acostado en un banco del parque, enfrente del café de Lidia. No recordaba su nombre, ni su edad. No recordaba si amaba o si odiaba. Le acompañé para ver si todo era pasajero pero de nada sirvió. Creo que se acomodó en ese estado de inconformismo voluntario que nos atrapa a veces.
-“Porque, veamos, continuó, ¿A quien le interesa volver a ese mundo que presiona, atosiga y nos entierra poco a poco en nuestra realidad?” -“Pues para ser tu mismo”, le dije sonriendo. - “No quiero recordar, no te das cuenta. Quiero soñar y vivir y cuando llegue el momento, partir”, me contestó. - “Pero soñar no es vivir”, le afirmé.
Me sonrió, se levantó y se despidió dejándome sola con mi afirmación.
Ha llegado el momento de partir y no sé si estoy preparado. ¿Cuántas cosas voy a dejar atrás? Demasiadas, creo que demasiadas. Muchas se hicieron presentes a través de la comprensión, otras a través de la hipocresía o de la imposición. Sin embargo aquellas que permanecieron en el amor van a ser las más dolorosas de perder. Miro los años y me sorprendo a mi mismo lo conseguido pero no consigo visualizarme en ellos. Me pierdo sin sentido y eso me aterra. Quizás me equivoqué.
Entonces, ella me cogió la mano, se acercó y depositó un beso en mi frente, en mi alma. Me sonrió y me susurró al oído: -“Deja de luchar, amigo. La vida y la muerte se compenetran. Volveremos a vernos muy pronto. Te amo”
Cerré los ojos y le sonreí a la muerte que me arropó.
Las lágrimas cansadas de vivir en ella se marcharon un buen día a recorrer mundo y mendigar un poco de tristeza en otra cara. Los ojos se dieron cuenta que, a causa de la visión turbada tras los años, no comprendían a la sonrisa, que se esforzaba en aparecer en la boca. Los labios se ahuecaban, se estiraban de una forma grotesca, mostrando unos dientes un poco cansados de aparentar entre ellos un cierto sex-appeal. Pero siempre hubo una unión dental; creo que incluso combatieron ferozmente una dura batalla con un ejército sin piedad, llamado “carie”: atrocidades humanas en cuerpos diabólicos, los llamaba el dolor. Toda la cara tuvo que reafirmarse en su propósito de cohabitar con la felicidad. Este vocablo que aprendió a deletrear con prudencia, nació tras el paso de las noches. Las manos ayudaban a la cara a ser más feliz. La acariciaban estirando esos pequeños surcos que aparecieron alrededor de los ojos. Os contaré un secreto: se formaron tras los ataques de la risa que fácilmente la embrujaban.
La cara caía rendida a sus pies y se dejaba engatusar fácilmente. Me dijeron que fueron amantes durante largas temporadas, sin embargo las malas lenguas añadieron que siguió siéndole infiel con aquella que llamaba soledad.
Ay, Morfeo, Morfeo, Me estiro intentando recordar el camino. Me acurruco, posición fetal revocando el útero. Alejo el pensamiento de mi yo más profundo, palpando, en el aire, monstruos creados por mis oníricas visiones.
Canta guitarra
Quiero volver a sentir
tu llanto y tu desespero.
Canta guitarra
Mis palmas y mis pies
sabrán acompañarte
Canta guitarra
y dime si mi locura
es fantasía
Si mis deseos y mis ansias
superan mi destino
Deja las manos abrazarte
tocarte, acariciarte
Deja la pasión surgir
para que vuelva a llevarme
más allá de lo deseado
Canta guitarra
y dime
¿Es amor lo que tocas?