jueves, junio 21, 2007

la muerte

Ha llegado el momento de partir y no sé si estoy preparado.
¿Cuántas cosas voy a dejar atrás?
Demasiadas, creo que demasiadas.
Muchas se hicieron presentes a través de la comprensión, otras a través de la hipocresía o de la imposición. Sin embargo aquellas que permanecieron en el amor van a ser las más dolorosas de perder.
Miro los años y me sorprendo a mi mismo lo conseguido pero no consigo visualizarme en ellos. Me pierdo sin sentido y eso me aterra.
Quizás me equivoqué.

Entonces, ella me cogió la mano, se acercó y depositó un beso en mi frente, en mi alma. Me sonrió y me susurró al oído:
-“Deja de luchar, amigo. La vida y la muerte se compenetran. Volveremos a vernos muy pronto. Te amo”

Cerré los ojos y le sonreí a la muerte que me arropó.

4 comentarios:

Horacio Fioriello es Altamira ( un Juan de los Palotes) dijo...

efectivamente, vida-muerte-muerte-vida no son más que anverso y reverso de una misma moneda impostora y absurda.Lo que hagamos con ellas es lo importante,lo que aprendamos a ver y disfrutar en los espacios vacios, en esos huecos que parecen llenos de nada esta la magia de vivir, aun muriendo.Como en un firmamento color violeta somos aquello que afirmemos ser.ni más ni menos, Carmen, leerte es comulgar una siesta en cabalgata por la pradera verde del encuentro.

besos
Altamira

José Camúñez dijo...

Quizá en el amor, esté la llave para cruzar sin miedo ese umbral. Volveremos a ver a quiénes amamos, no lo dudes.

carmen dijo...

No lo dudo José :-)

Horacio, me pongo "colorá" cada vez que te leo.

besos

Mari Carmen dijo...

Bueno, Carmen, alguien ha dicho que la muerte no existe, que sólo cambiamos de estado. Y yo lo creo así. A mi me gustaría ser árbol en mi próxima vida. Un árbol frondoso y bello que extienda sus ramas hacia el sol.

Portamos la muerte y la vida, todo en uno.

Un beso, Carmen